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lunes, julio 26, 2021

Torres del Maule

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Torres del Maule

Avanza el proyecto de las torres de alta tensión que serán ubicadas en las regiones del Bio Bio, Ñuble y Maule. Y crece, día a día, la desazón. No solo por las implicancias sobre el medio ambiente que el proyecto impone, sino que, además, porque las condiciones sanitarias han impedido hacer valer la voz de las ciudadanas y ciudadanos. Quizás tampoco tienen real voluntad de escucharlas, porque para el “desarrollo” -es sabido- tanto el medio ambiente, como la voz de la gente, son un obstáculo.

¿Es posible el desarrollo y el progreso devorando el medio natural que nos cobija? ¿Es posible sin la participación de las ciudadanas y ciudadanos? Hasta hace poco más de un año y medio, estas preguntas eran relativizadas hasta el paroxismo y el cumplimiento de las normas parecía un trámite meramente regular. El estallido social del 18 de octubre de 2019 develó una nueva realidad, y lo que era un “trámite” pasó a ser un paso indispensable para el avance de cualquier tipo de proyecto. Los “medioambientalistas” dejaron de ser vistos como un grupúsculo de fanáticos que buscan contemplar, sin interrupciones, la belleza natural del mundo, y pasaron a ser organizaciones fuertes, que luchan por mínimos civilizatorios.

Así ocurre en estas regiones con el proyecto de las torres de alta tensión que pretenden fortalecer el Sistema Eléctrico Nacional, pero a costa del sacrifico de vastas zonas naturales de extrema importancia. La voz de las personas debe ser escuchada y por tanto es lógica la exigencia de las organizaciones de extender el plazo de participación ciudadana para cuando las condiciones sanitarias lo permitan. Aunque más que lógica, es mínima y necesaria. El progreso ya no es posible pensarlo arrasando con todo, y con todos y todas. Si no, es cosa de ver como se extraen minerales de la zona norte y la ciudad de Calama, por ejemplo, permanece en la pobreza y la marginación porque el “progreso” ha pasado por su costado sin tocarle si quiera un ápice.

Las decisiones que tomamos en el presente no pueden comprometer, negativamente, a las generaciones futuras. Esa es la base de lo que se conoce como desarrollo sustentable que, hasta el minuto, parece no contemplar el proyecto en cuestión. Las ciudadanas y ciudadanos se han expresado nítidamente desde hace casi dos años en las calles y en las urnas, y las autoridades tienen el deber de salir del marasmo y de la zona de confort que las cobijó por años, y pasar a la acción respetando la ley y escuchando a las personas.

En el extremo sur de Chile hay unas torres que son admiradas por todo el mundo, y año tras año, cientos de miles de turistas viajan para contemplar la belleza natural de las Torres del Paine que permanecen incólumes haciendo gala de su imponencia. Esa realidad contrasta, severamente, con lo que se pretende hacer en estas tres regiones que parecen estar destinadas al sacrificio permanente. El desafío de los próximos años consiste en progreso con justicia social. O, dicho de otro modo, que el progreso permita que la dignidad sea compartida. Ese sería un buen comienzo para que las futuras generaciones sientan orgullo de lo que hicimos en el presente.

Felipe Barnachea

Cientista Político

 

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